Los vecinos exigen bajar el volumen
Por Borja Bujedo
Las principales asociaciones y plataformas vecinales del Borne están hartas de las elevadas cotas de ruido que deben soportar y lamentan la actitud del ayuntamiento, al que acusan de no hacer lo suficiente. “El centro de Barcelona se está convirtiendo en un parque temático del botellón en el que todo está permitido a costa del bienestar de los ciudadanos”, asegura Pilar Lomba, de la plataforma contra el ruido en la rambla del Raval.
La gran concentración de locales en la zona ha provocado que en los últimos años se hayan sucedido numerosas iniciativas vecinales en puntos especialmente conflictivos como el Borne, el Barrio Gótico y los alrededores del Raval.

Juan Pérez, presidente de la Asociación de Comerciantes de la calle Argentería, reconoce que puede haber problemas de ruidos, pero se muestra confiado en que si se supieran aplicar las normas municipales no habría problemas.

Por su parte, Tony Estopa, regidor de Ciutat Vella, considera que “de vez en cuando hay problemas de ruidos porque las calles son estrechas y la gente se desmadra, pero eso pasa en todos los barrios”. Asegura que “todo el turismo no es igual y que siempre hay algunos descontrolados, aunque en la mayoría de los casos las personas son respetuosas”.

Sin embargo, los habitantes del paseo del Borne no opinan de la misma manera y han encargado su propio estudio acústico. El valor máximo permitido por la ordenanza municipal durante la noche es de 60 decibelios, pero en algunas casas y bares se llegan a registrar hasta 70 decibelios.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el descanso se ve perturbado con consecuencias negativas para la salud si se superan los 30 decibelios en el interior de las viviendas. Carmen Arias, miembro de la asociación de vecinos de la calle Argentería, lamenta la actuación del consistorio municipal para resolver esta situación: “sólo se ha centrado en clausurar aquellos locales que sí cerraban a la hora marcada por la ley”, sentencia. 

Para Esther Melcon, secretaria de la Asociación Catalana contra la Contaminación Acústica, la publicidad del ayuntamiento es engañosa y el problema del ruido no está solucionado, pues “el alcalde Joan Clos no tiene ningún interés en que esta situación cambie, porque trata de fomentar el carácter turístico de Ciutat Vella”. Añade que los ciudadanos de Barcelona están de rodillas ante el turismo.

De la misma opinión es Diana Belmonte, dueña de un apartamento en la Plaza Santa María, en el extremo del paseo del Born, en cuyas ventanas pueden verse colgados varios carteles en los que se lee: " ¡Ssst!", "Aquí vive gente" o "La Ribera es ruido".


Según afirma, los Mossos de Esquadra le han confesado que sólo se preocupan de custodiar las rutas turísticas y de proteger a los guiris para que estén cómodos. Además, considera que “poco a poco están echando a la gente de aquí” y dice sentirse encerrada en un zoológico como consecuencia de la gran afluencia de extranjeros por la zona donde reside.

Belmonte tampoco confía en el verdadero interés de Clos para hacer desaparecer la contaminación acústica y sospecha que las distintas campañas de denuncia llevadas a cabo hasta ahora por los vecinos únicamente han servido para que el ayuntamiento traspase a los dueños de las terrazas la responsabilidad de mantener alejados a los músicos callejeros.

“El no poder descansar bien está teniendo repercusiones negativas en la vida habitual de toda la familia”, se sincera Belmonte y subraya también que las terrazas están abiertas todas las noches hasta después de la hora de cierre permitida por la ley, lo que provoca que el tránsito de músicos callejeros sea continuo.